Nos hacen la vida más cómoda, nos permiten dormir en verano, cuando la temperatura exterior de más de 25 grados lo hace imposible, y nos ayudan en invierno poniendo calentita la casa, pero hay que tener cuidado con algunos detalles:
-Que el aire frío no nos dé directamente a nuestro cuerpo, porque nos puede causar molestias como dolor de huesos o muscular, o de garganta.
-Hay que evitar tener una temperatura demasiado baja en verano o demasiado alta en invierno. Es decir, que cuando en verano hay más de 30 grados en el exterior, nunca debemos tener el aire puesto a menos de 21 grados, porque la diferencia es demasiada; y en invierno, cuando la temperatura no supera los 10 grados, tampoco debemos subir el aire a más de 24, porque al salir de la habitación el cambio también sería grande. Lo ideal es una temperatura entre 21 y 25 grados todo el año, en invierno y en verano.
Aún así, los aires acondicionados son necesarios, así que disfrútelos.