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portada letras cuento + Muñecos + Ray Respall Rojas

Hace mucho tiempo, un pequeño teatro ambulante de títeres encontró tirado en la calle un muñeco: un enclenque y desaliñado payaso de madera. Como les resultó simpático, lo arreglaron y lo convirtieron en la estrella principal del espectáculo. Durante años fue el favorito, los niños de todos los lugares que solían visitar contaban los días esperando a que pasaran los titiriteros para hacerles reír.
Una madrugada, mientras los carromatos del teatro se marchaban de una ciudad, una niña corrió junto a uno de los saltimbanquis y le regaló una muñeca. Al tomarla, el titiritero le dio un beso de agradecimiento a la pequeña y se fue corriendo a donde los carros ya partían.
Al llegar al siguiente pueblo, cuál fue la sorpresa de los espectadores al ver que la estrella principal era una títere que perfectamente podía ser una muñeca. En el nuevo espectáculo el pequeño payaso era uno de los secundarios, luego pasó a ser un personaje de fondo y más tarde un simple juguete casi olvidado dentro de uno de los tantos baúles del equipaje.
Un amanecer, mientras preparaban la carpa y el retablo, anunciaban entre bromas que había llegado otro día de gloria para la muñeca pero, cuando fueron a buscarla, vieron que yacía destrozada en las piernas del payaso de madera.

 

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